domingo, 18 de diciembre de 2011

UN DÍA DE LLUVIA


¡Qué bien que no regué las plantas! - me dije a mí misma, mientras la fina lluvia de invierno caía como un hilo de recuerdos. A mi madre nunca le gustaba la lluvia y a mí me parece algo muy romántico. Cuando lluve mi marido y yo nos ponemos una buena película y la vemos mientras comemos castañas. ¡Eso sí que es disfrutar de la vida! Cuando iba al pueblo, los días de lluvia mi hermano y yo estabamos jugando al lado de la lumbre. Mis abuelos aún no tenían la cocina de leña sino una chimenea donde hacían la comida. Al lado de la chimenea se estaba muy calentito, sobre todo en invierno. Por no tener, mis abuelos, por aquel entonces no tenían ni luz eléctrica, sino que usaban lámparas de gas. Aquellas lámparas iluminaban las paredes de las cuales colgaban los iconos y fotos de familia de todos los hijos y nietos de mis abuelos. Una foto, mi abuela, siempre miraba con tristeza y era la de mi tío de Australia que no daba señales de vida. La foto la tomó justo antes de marcharse, aquel verano de 1964. Robó el dinero de su tío, se escapó por la chimenea y se fugó a Australia, así sin desperdirse, claro. Cuenta mi abuela Kristina que llovía a cántaros, aquél día que su hijo Dragoljub se fugó a Australia en busca de una vida mejor.
No daba señales de vida, unos siete-ocho años. Un día mi madre después de todos esos años logró encontrarle a través de la Cruz Roja Serbia. Escribió por fin una carta que aún recuerdo, porque mis abuelos lloraron al leerla. Empezaba así: "Australia comida sin sabor, flores sin olor y mujeres sin amor". Creo que eso resumía toda la nostalgía por su país. Luego contaba que tenía muchas relaciones, pero todas las mujeres con las que vivía le dejaron sin blanca. Primero era una polaca, luego una australiana y de las demás ya no me acuerdo. Escribió que le daba vergüenza contar todo eso y que quería ganar dinero suficiente para comprarse una casita. Se compró un piso y ya entonces estaba orgulloso de poder contarlo. Además de las cartas donde siempre metía un billete de 50 dolares australianos, que a mis abuelos les venía muy bien, mandaba fotos. Esas fotos colgaban de las paredes de mis abuelos, ya amarillas de los años. En ellas mi tío sonreía en un campo con la guitarra en las manos. También mandaba cintas donde contaba su vida. Mi abuela siempre lloraba al escucharlas. Me las ponía toda orgullosa y decía, "Fíjate no tenía ni zapatos y ahora ya tiene un pisito". El calzado que usaba se llama "opanci" y estaba hecho de piel de cerdo, era encorvado hacia arriba y acababa en punta, y se ataba con unos cordones de lino.


(en la foto OPANCI)

Hoy es un día de lluvia y siempre cuando lluve me acuerdo como a mi madre no le gustaba la lluvia y de todas las lluvias importantes de mis recuerdos.
- A mi madre no le gustaba la lluvia. Sólo le gustaban las películas con el final feliz.
- Ya lo sé, me lo has dicho miles de veces.
- Ya, pero ella ya no está para que me lo diga. Todavía la echo de menos.     

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