miércoles, 20 de febrero de 2013


 

UN DÍA CUALQUIERA (proyecto de un largometraje)

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UN DÍA CUALQUIERA 8

José, el hermano de Carmen, le grita pidiendo cerveza. Hace calor y eso le crispa los nervios. Si a eso le añadimos que Barça está perdiendo...

Cristian, el niño de apenas un año, empieza a llorar.

- ¡Que te calles, cojones! ¡No hace más que llorar! ¡Hazle callar de una puta vez!

El niño sigue llorando más y más, desconsoladamente.

Dolores, la madre de Carmen, la reina de la plazoleta, le grita desde allí a grito pelado:

- ¡Carmeeeeeeeeeen!

José sale al balcón:

- ¡Que no estaaaa! ¿Qué, coño, quieres otra vez?

La Dolores se acerca despacio y, con una voz que pone para dar pena, le dice:

- No hay naidie, y todavía no he comido...

El muchacho entra pa dentro y sale con un trozo de pan que se lo tira al suelo.

La Dolores lo coge, lo mira y se va con desgana, murmurando algo por el camino.

Gregoria está cortando una col en el suelo de la habitación y va tirando trozos a una olla grande.

Por el camino viene, a paso de tortuga, Pedro, el hijo mayor, bastante colocado. Debajo del brazo lleva una rueda de bicicleta.

Gregoria le echa una bronca monumental:

- ¡Otra rueda! ¿Pero qué piensas hacer con todas? ¡Me cago en la mar!

José abre la puerta del balcón y deja a Cristian, que lleva solo pañales, en el balcón. Luego deja a su lado un camión grande. El niño se sienta al suelo y empieza a jugar con el camión.

José cierra la ventana.

- Ya no va a llorar. Que le dé un poco de aire.

Sale Diego, el hijo menor de Gregoria, se agacha para coger una colilla del suelo y la enciende. Monta la bicicleta. Murmura:

- Agh, arr, arr.

Le saluda con la mano a su madre. La mujer sigue cortando la col.

(continuará)